Josephine Baker y el Hotel Nacional de Cuba

En el período comprendido de 1950 a 1966 Josephine Baker visitó cinco veces a Cuba. En su primera visita en diciembre de 1950 actúa en el teatro América con muchísimo éxito. La acompañan en el programa la orquesta Havana Cuban Boys, el chanssonier Roland Gerbau, y los bailarines Ana Gloria y Rolando. Los espectadores la reciben de pie. Dos años más tarde Josephine regresa a La Habana, donde sufre la humillación de ser rechazada en un hotel por el color de su piel.

La administración del lujoso Hotel Nacional se niega a acogerla con el burdo pretexto de que no disponían de una sola habitación. El escándalo no se hace esperar. En pocas horas la artista congrega a un grupo de cubanos, “gente de color como yo”, y encuentra a un abogado y a un testigo para dar fe de lo ocurrido. Es invitada entonces a quedarse en el Hotel Sevilla.

No obstante, en 1953 la Baker padece otra agresión similar en la Isla cuando Goar Mestre le cancela el contrato de la emisora radial CMQ, alegando que había llegado tarde para cumplir con sus obligaciones. Realmente por un problema político, la Embajada de los Estados Unidos había declarado persona non grata a la vedette. Paradójicamente, a este sentimiento discriminatorio oficial, el público cubano siempre la acoge con admiración y cariño.

Josephine Baker en el Hotel Nacional de Cuba en los 60s

Con el Triunfo de la Revolución Cubana el 1ro de enero de 1959, se eliminaron todos los tabúes raciales existentes en nuestra sociedad que laceraban la dignidad humana, enalteciéndose los valores y principios humanos y quedan eliminados todas las discriminaciones por sexo, raza o color. Es en esta nueva coyuntura en que para enero de 1966 llega a La Habana para participar en la Conferencia Tricontinental y se hospedó, esta vez sí, en el Hotel Nacional de Cuba del 3 al 15 de enero de ese año y expresa: “Vengo a Cuba porque quiero a este país y ya no hay nada que me humille como ser humano. Estoy fascinada y no puedo sino mirar ese azul que tengo delante, esta Habana tan distinta que me recibe. Vengo a actuar para todos ustedes, a entregarles todo lo que tengo.”

En medio de la animación y el contento general, se presenta a teatro lleno con Bola de Nieve en el García Lorca, y declara tener tres veces 20 años para justificar los generosos escotes de algunos de sus vestidos. Viaja a Camagüey, donde tres mil personas la aplauden a rabiar, visita la Sierra Maestra, escala montañas y disfruta del olor de los viejos cafetales franceses de La Gran Piedra, pero sobre todo, entra en contacto con los cubanos que no solo admiran su arte, sino también su permanente rechazo a la injusticia. Visiblemente conmovida retorna ese verano a la Isla por última vez. La acompañan sus hijos adoptivos para disfrutar de una estancia de pocos días en una casa situada en una playa cercana a la capital. En Cuba se le recuerda como uno de sus visitantes más queridos.

En el año 1997 sus hijos llegan a nuestro Hotel donde se le rindió homenaje a La Diosa del Ébano


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