Recordando el bombardeo al Hotel Nacional de Cuba

En Cuba el 5 de septiembre de 1933 se organizó lo que se denominó el gobierno de la Pentarquía integrado por: Sergio Carbó, Guillermo Portela, Ramón Grau San Martín, Porfirio Franca y José Miguel Irrisari. Tal hecho sucedió cuando el Dr. Carlos Manuel de Céspedes, quién sustituyó al presidente cubano Gerardo Machado sólo en figura pero no en método de gobierno, fue desplazado el 4 de septiembre de 1933 por una Junta Provisional compuesta por representantes de las organizaciones que propiciaron el derrumbe de su gobierno, fundamentalmente la baja oficialidad del ejército que protestaba contra los privilegios de los altos oficiales.

El 8 de septiembre los antiguos oficiales del ejército machadista que habían planeado -con algunos dirigentes del ABC la reconquista de sus posiciones en el ejército, consideraron que este proyecto no era viable y que debían concentrarse en el Hotel Nacional transformándolo en una especie de cuartel, ya que éste gozaba de cierto carácter de extraterritorialidad por alojarse allí importantes personalidades de los negocios la política, la prensa y el espionaje de EE.UU entre ellos su embajador Sumner Wells y porque para algunos el hotel era propiedad estadounidense. Entre los oficiales amotinados se encontraba el General Julio Sanguily -hijo- quien con el pretexto de estar convaleciente de una operación gástrica es llevado a una lujosa suite situada en los pisos superiores. Un día después en uno de los salones situados en los bajos del hotel se concentrarían alrededor de 400 ex oficiales del gobierno destituido, los cuales toman el acuerdo de no reconocer a otro jefe de Estado Mayor ni a otro presidente que no fuera a Céspedes.

El 10 de septiembre de 1933 ante la crisis de la pentarquía por la renuncia de dos miembros de esta, Porfirio Franca y José Miguel Irrisari, se designa como presidente del Gobierno al Dr. Grau San Martín y su gabinete del que formaba parte como Secretario de Gobernación, el Dr. Antonio Guiteras Holmes. En el hotel se guardaban 100 fusiles procedentes de la embajada estadounidense, que fueron llevados a la habitación 260 y recibidos por el administrador Mr. Taylor y un comandante de apellido Sardiñas. Este hecho no pasó inadvertido y la noticia se filtró entre los empleados del hotel provocando huelgas parciales de éstos en defensa de la Junta Revolucionaria o Pentarquía y en contra de la reacción representada por los sublevados.

La situación era bien dramática el hotel estaba sitiado por el ejército y la milicia del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) fiscalizaba el registro de vehículos y personas con el propósito de que no llegaran a los sublevados, ni abastecimientos, ni pertrechos.

El día 12 de septiembre ante la provocadora declaración del General Sanguily el Sr. Summer Wells se marcha del hotel con el consiguiente disgusto de los oficiales amotinados.  Se interrumpen las líneas telefónicas y los suministros de agua y electricidad cortando todo servicio y poco tiempo después los empleados deciden abandonar el inmueble. El 24 de septiembre el gobierno da un ultimátum de 3 días para que los sublevados se presenten ante el jefe del Estado Mayor para servir en diferentes dependencias del mismo, sin embargo, éstos se niegan a aceptarlo.

El 2 de octubre para poner fin a esta sedición, en “un acto sin precedente en la historia” –a decir del historiador Dr. Eusebio Leal Spengler- aproximadamente a las 6 de la mañana el ejército abrió sorpresivamente fuego de fusilería, ametralladoras y cañones de 75 mm sobre los oficiales guarecidos en el hotel. Muchos balcones se deshicieron en pedazos y se abrieron grandes troneras en las paredes con el consiguiente destrozo de tabiques y muebles, cristales y servicios, interrupción del fluido eléctrico, rotura de cañerías que anegaron las habitaciones y la concebida nube de polvo que producían los escombros. A las 12 del día por gestión de la Cruz Roja se estableció una tregua para evacuar heridos y mujeres. Los oficiales amotinados pidieron un tiempo adicional hasta las tres de la tarde. Una vez reanudado el combate la oficialidad resistió la nueva embestida durante hora y media hasta que se izaron en las torres del hotel las banderas blancas. Finalmente la sublevación fue aplastada.

El saldo total de la batalla se estima que fue de 11 muertos y 22 heridos. Muchos de ellos fueron atacados en los jardines del hotel cuando ya no tenían con que defenderse luego de haberse rendido. El resto de los oficiales en calidad de detenidos fueron conducidos a la Cabaña o al presidio de Isla de Pinos.

Debido a la magnificencia y calidad constructiva de la obra los daños ocasionados al inmueble durante el cañoneo -incluyendo los boquetes originados en algunos puntos por los impactos de cañón- no fueron trascendentales, aspecto que aprovecho la compañía constructora Purdy and Henderson -según testimonios de antiguos empleados- como propaganda para anunciar la solidez de sus edificaciones en todo el mundo y cito:  “Construya  con la Purdy and Henderson cuyos inmuebles resisten un cañoneo”.

Visítenos en www.hotelnacional-decuba.com


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